La Forja de la Escuela de Aprendices
Tras la Guerra Civil, el centro vivió una transformación crucial. En 1943, los Hermanos se trasladaron a su ubicación actual, dejando el antiguo edificio de La Pontanilla a las Hermanas de la Caridad. Fue en este año cuando surgió la emblemática Escuela de Aprendices La Salle, un proyecto vinculado directamente a Trefilerías Quijano (luego Nueva Montaña-Quijano) para formar a los futuros especialistas de la fábrica. No era una simple extensión de las aulas primarias que habíamos visto antes; era un lugar donde la tiza se mezclaba con la grasa de los motores y el calor del metal. Los Hermanos, reconociendo la necesidad de formación técnica para los jóvenes del valle que pronto trabajarían en las naves industriales que se veían por las ventanas en el tercer capítulo, adaptaron su currículo. El centro se convirtió en un motor de movilidad social, ofreciendo a los hijos de los obreros la oportunidad de convertirse en especialistas cualificados. Aquella escuela no solo enseñaba aritmética y religión; allí se forjaban hombres en el manejo del soldador, el torno y la mecánica. Miles de jóvenes de los valles de Iguña, Buelna y Piélagos pasaron por sus talleres, creando una estirpe de técnicos y profesionales que sostendrían la economía de la región durante décadas. El colegio se convirtió en el corazón técnico de Los Corrales, adaptándose a cada ley educativa y a cada necesidad de la empresa, hasta integrar la Formación Profesional reglada en 1976. La Escuela de Aprendices fue un éxito rotundo. Sus aulas y talleres pronto se quedaron pequeños, obligando a los Hermanos a buscar nuevos espacios. En esta época, el nombre del colegio cambió a "San Juan Bautista", en honor al fundador de la orden, simbolizando el compromiso de La Salle con la educación integral, técnica y cristiana. Las generaciones de "quijanos" que se formaron en estas aulas, como técnicos, electricistas y mecánicos, forjaron el desarrollo de Los Corrales de Buelna durante décadas, creando un legado de esfuerzo y profesionalidad que aún perdura.
San Juan Bautista, Legado y Futuro
El tiempo ha pasado por Los Corrales, pero la estrella de La Salle sigue brillando con fuerza. El modesto centro de 1890 es hoy el Colegio San Juan Bautista, un complejo educativo que acoge a más de 950 alumnos desde los tres años hasta los ciclos formativos superiores. En 2015, el valle se vistió de gala para celebrar su 125 aniversario, con un desfile multitudinario de mil personas y el nombramiento de los tres primeros Hermanos como Hijos Adoptivos de la villa. Hoy, el centro cuenta con unos sesenta profesores, seglares y religiosos, que mantienen vivo el carisma de su fundador en un entorno moderno y bilingüe. Aunque la comunidad religiosa se clausuró hace algunos años, la presencia de nuestro actual director, el Hermano Francisco o el Hermano Germán sigue siendo el "corazón y garantía" de una misión que se niega a envejecer.
135 años después... aún hoy...
Aún hoy, cuando el sol se pone tras las montañas del Valle de Buelna, el legado de Doña Felisa Campuzano y los tres primeros Hermanos, el Hermano Jules de Jésus, el Hermano Domingo y el Hermano Lamberto, permanece vivo. El Colegio San Juan Bautista sigue siendo un faro de esperanza y educación en el corazón de Los Corrales de Buelna, un testimonio de la visión que unió la tiza y el acero, y la fe y el progreso. El centro ha crecido, adaptándose a las necesidades cambiantes de la sociedad, pero su compromiso con la educación integral, técnica y cristiana sigue inalterable. Las generaciones de jóvenes que han pasado por sus aulas, muchos de ellos descendientes de los obreros que trabajaron en las "Forjas de Buelna" ilustradas en el primer capítulo, continúan forjando el futuro de la región, un legado de esfuerzo, profesionalidad y solidaridad que se niega a envejecer. El Colegio San Juan Bautista es, en esencia, un símbolo de la resiliencia y la dedicación de La Salle en Cantabria, un legado que perdura por generaciones.